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A Propósito del Inicio del Curso Escolar: Pigmalión en la Escuela.
El efecto educativo de las expectativas.
En pocos días se inicia de nuevo la escuela para cientos de miles de niños, adolescentes y jóvenes.
Si lo anterior es importante en
sentido general, lo es más cuando el niño va a la escuela por primera vez o inicia un nuevo nivel escolar por ejemplo, el preescolar, la escuela primaria, la secundaria, la preparatoria o
bien la universidad.
En la literatura científica se
conoce como período crítico o sensible a esos momentos del ciclo de vida de una persona en crecimiento, que dado las características biológicas, psicológicas y del desarrollo socio emocional
propios del período en que se encuentra y por otra parte las exigencias del medio, le obligan a constantes adaptaciones o readaptaciones.
Sin dudas el comienzo de un nuevo
curso escolar constituye para todos los educandos un período que pone en tensión los procesos fisiológicos y psicológicos donde lo emocional juega un papel primordial.
Investigaciones realizadas
manifiestan mediante distintos indicadores lo “tensionante” que resulta para las personas en crecimiento y desarrollo el inicio de las clases. Claro está, aquí como en otros aspectos de la
vida, las diferencias individuales dan su toque distintivo. Para unos más, para otros menos, algunos lo evidencian, otros llevan “ la procesión por dentro”. Pero lo cierto es que
todos se sienten de una u otra manera “impactado” por el cambio y las exigencias que de pronto el entorno le demanda y su real capacidad potencial de darle frente a tal situación.
Lo anterior se manifiesta en esos
días en la composición química de la orina, en el proceso de sudoración, la temperatura corporal, la lentificación o detención momentánea del incremento de la talla (estatura), la pérdida de peso y
otros muchos indicadores más, que evidencian los reajustes del organismo infantil ante la actividad escolar y que se traduce en el comportamiento del niño.
En algunas instituciones la
planeación escolar contempla teniendo en consideración el necesario proceso de adaptación del niño a la escuela un período de adaptación, de 2 a 5 semanas aproximadamente. Durante este tiempo
se programan actividades que progresivamente incrementan las exigencias al alumno poniendo el énfasis entre otras cosas en la socialización, la motivación... y el recordar de manera lúdica, lo
aprendido en los niveles precedentes necesario para las nuevas adquisiciones.
Lo anterior permite además estimular
el recuerdo ante el natural olvido resultado del receso escolar por vacaciones de verano y favorecer la activación de los procesos que permiten aprovechar lo ya adquirido, como conocimiento previo para
la construcción de nuevos aprendizajes. (1)
Al inicio del curso escolar como
ante cualquier evento, actividad, relación con alguien, todos esperamos algo, pero también tenemos cierto temor y como seres humanos, tenemos necesidades pero también aportamos y solemos
comprometernos para un determinado logro. En otras palabras todos tenemos expectativas.
En los últimos años se han realizado
múltiples investigaciones con el propósito de esclarecer el papel de las expectativas en las relaciones interpersonales, dado que es natural e inevitable plantearnos éstas. Por ejemplo
el papel que juegan las altas y positivas expectativas de los maestros hacia el desarrollo de los educandos.
En 1968 un grupo de
investigadores en Estados Unidos de Norteamérica presidido por R. Rosenthal publica el libro “Pygmalion in the Class-room”, que conmueve a la comunidad científica por dos
razones fundamentales.
Una de ellas es la referida al
efecto del investigador en los experimentos sociales. En otras palabras, los deseos de los científicos son transmitidos de manera no intencional a los sujetos del experimento por la
comunicación no verbal. Más aún, las expectativas de los investigadores sesgan las respuestas de los sujetos de la muestra en la dirección de confirmar la hipótesis del científico.
La discusión no se hizo
esperar. Los planteamientos de Rosenthal provocaron la reflexión sobre la validez interna del experimento social.
El otro aspecto fue sobre cómo las
expectativas de los docentes influyen en el rendimiento de sus alumnos.
Para confirmar su tesis
aplicaron a grupos de escolares una prueba que les fue presentada como nueva y que permitiría identificar a los que podían realizar un “despegue” en su aprendizaje. En realidad los profesores
estaban aplicando un test de inteligencia ya validado.
A partir de lo anterior se
seleccionaron al azar el 20% de los alumnos de 18 grupos, los que fueron presentados a sus maestros como los que estaban preparados para despegar (grupo
experimental) y se les convenció de que esos alumnos obtendrían muy buenos resultados en los próximos meses, frente al 80% restante considerado como el grupo de control y sin posibilidades de
desarrollo inmediato.
Realmente en ese momento la única
diferencia entre uno y otro grupo de alumnos estaba en la mente de los maestros, los cuales mostraron actitudes distintas frente a ellos. Pero el resultado más sorprendente del experimento
Pigmalión estuvo en el maestro, en su percepción con relación a los niños. Si estos se encontraban en el grupo experimental, entre más aumentaba su cociente mental, puesto de manifiesto por
los tests psicológicos, más simpatía despertaban en el maestro y por supuesto más atención le prestaba tanto intelectual como socioafectivamente.
Por el contrario la actitud y
comportamiento profesional de los maestros con los alumnos “no favorecidos” pertenecientes al grupo control dejaba mucho que desear e incidía negativamente en su aprovechamiento escolar.
Los resultados medidos mediante
pruebas realizadas a los 8, 12 y 36 meses del test inicial y las evaluaciones realizadas por los maestros, indicaron una mejoría significativa en los alumnos del grupo experimental, los que fueron
caracterizados por sus maestros como más curiosos, más autónomos, en fin más inteligentes.
De ahí que las expectativas de los
docentes con respecto a sus discípulos puedan llegar a modificar su rendimiento real. El mensaje es por tanto contundente: se pueden inducir expectativas positivas, y por qué no, negativas también.
Las expectativas de los docentes
sobre sus alumnos y el sentimiento de aceptación a ellos son dos condiciones básicas necesarias, aunque no suficientes para ser maestro mediador (2) y de ese modo lograr la plena formación de los niños,
adolescentes y jóvenes.
Se trata por tanto de plantearnos
desde el inicio del curso escolar con cada uno de los integrantes del grupo, expectativas altas y positivas y de esforzarnos profesionalmente en que todos, independientemente de estilos y ritmos de
aprendizaje avancen en su proceso de formación. Recordemos que tendemos a estar más cómodos con personas que se ajustan a nuestras expectativas.
Claro que el efecto Pigmalión no se
puede concebir unilateralmente, no basta con las expectativas del maestro, de su actitud mental hacia el alumno, es necesario que estas correspondan a su vez con ciertas características potenciales del
educando, de lo que se espera de él para determinar las expectativas del maestro.
Realmente es difícil explicar
fehacientemente como las expectativas de una persona pueden influir en la ejecución de otras personas. Pero la práctica demuestra cuán poderoso es ese tipo de relación maestro-alumno cuando este
último, el alumno, descubre la percepción que el primero tiene de él.
Claro que no es algo
inmediato. Se basa en procesos psicológicos y sociales que se desarrollan entre ambos poco a poco a partir de las creencias del maestro y entre los cuales la comunicación en general pero más
aún, la no-verbal juega un papel trascendente. Señales tan sutiles como la inclinación de la cabeza, frunción de las cejas y la frente, la dilatación de los orificios nasales y otros, aunque la
mayoría son mucho más obvias.
De ahí la recomendación de los
investigadores: “ Ten altas expectativas de tus alumnos, hazle saber que tienen la capacidad suficiente y las verás cumplidas”. Para que alguien se comporte de modo inteligente lo primero es, que
se lo crea y por supuesto brindar la correcta estimulación requerida para lograrla.
Dr. Ramón Ferreiro Gravíe
Red Latinoamericana Talento
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